De amarillo a verde a morado.
Por Mauricio
Vamos a cambiar un poco el tipo de escritos que van a encontrar del Colectivo en el blog, pero siempre dando un enfoque hacia la comunicación comercial y todos sus vertientes. Aclarado lo anterior, seguimos adelante.
Seguramente ya han escuchado hablar de que el mariscal de campo Brett Favre firmó un contrato por un año con los Vikingos de Minnesota, rival de división del equipo donde Favre pasó casi la totalidad de su carrera profesional, (también jugó para los Halcones de Atlanta, un año, y el año pasado con los Jets de Nueva York). Además de hablar de situaciones, como: “un hombre nunca está encima del equipo o es más importante un sano vestidor que un hombre que tenga los privilegios de regresar a jugar cuando se le dé la gana”.

Favre con la cabeza baja
Vamos a hablar del impacto en el aficionado, ese que idolatró a Favre durante 16 temporadas, el que asociaba inmediatamente el número 4, con las cabezas de queso y el legado de un jugador que lo ganó todo para ellos.
Qué puede pensar un aficionado al ver a su ídolo hacer un berrinche porque se niega a enfrentar el paso del tiempo, porque se considera más importante que una institución, que es la única en la NFL donde no existe un dueño, sino es un cooperativa y el equipo es parte de la ciudad. Favre ya pisoteó su legado al vestirse de verde el año pasado y ahora lo ha borrado por completo al vestir el uniforme púrpura tan odiado por la afición de Green Bay.

Vestido de púrpura
Se imaginan que la navidad en lugar de roja fuera azul, porque Santa Clous se le ocurrió cambiar de bando y abandonar a Coca porque Pepsi le ofrecía un mejor trato, cómo se sentirían las personas!!! La festividad tendría un significado totalmente diferente. O que el vaquero de Marlboro cambiara su caballo por un camello!!! Posiblemente esté exagerando, pero así de grande era el ícono de Brett Favre antes de sentirse inmortal, deportivamente hablando.